Columna “Flashback”, de Fabián Quintá | 20 años de Pulp Fiction: un nuevo clásico

¿Por qué es importante recordar los 20 años de Pulp Fiction? Porque se transformó en un “nuevo clásico” que marcó un hito en la forma de narrar en el cine, sin un relato lineal de tiempo, mezclando géneros como el western, el policial negro y la comedia con una estética decididamente provocadora.

Fue en Mayo de 1994 cuando un casi flamante director, Quentin Tarantino, se llevaba la Palma del Festival de Cannes a la mejor película por esta película que se conoció aquí como “Tiempos Violentos”. Algunos aplaudieron la decisión, mientras que otros la abucheaban por considerar la cinta muy violenta, y con razón.

La idea de Tarantino sin embargo fue reunir a un grupo de buenos y hasta grandes actores, y plantear tres o cuatro historias interrelacionadas: los dos matones que tienen que cobrar una deuda, la de uno de ellos con la chica del gángster, el boxeador que tiene que perder una pelea por exigencia del gángster, y la parejita que entra a robar un bar donde están desayunando los dos matones.

En su reseña, la revista GQ destacó que el fallecido crítico de cine Roger Elbert fue el primero que obtuvo un premio Pulitzer en su género, a partir de la comparación entre Pulp Fiction y Ciudadano Kane, por “la estructura no lineal que hace que nunca sepas qué escena viene después“.

La revista Rolling Stone dijo que la segunda película de Tarantino podía considerarse como “el King Kong del gangsterismo“, y Variety la comparó con American Graffiti.

Y uno puede arriesgar algo mas. Así como Umberto Eco destacó que Casablanca es una de las mejores películas de la historia del cine no porque evitó los cliches, sino porque los pudo juntar a todos y hacer de eso un película fenomenal, en Pulp Fiction está el héroe solitario, el boxeador solitario y perdedor encarnado por Bruce Willis, el matón co pocas luces que interpreta John Travolta, el matón que acético, y hasta mesiánico, Samuel Jackson, junto con una parejita de delincuentes de poca monta que evocan a Bonnie and Clyde, la “chica linda” del Gángster, Uma Thurman. Todos los estereotipos.

A finales de 1992, Quentin Tarantino pasó 3 meses en un apartamento de Ámsterdam, sin teléfono ni fax, escribiendo el guión de Pulp Fiction. Tenía 30 años. El guión que llevó en el avión de vuelta a Los Angeles estaba escrito a mano y repartido en doce cuadernos.

Para pasarlo a un formato “legible” para los agentes y productores de Hollywood, Tarantino contó con la ayuda de su amiga Linda Chen, mecanógrafa y secretaria de Robert Towne, el escritor de Chinatown.

Chen recuerda que la escritura de Tarantino era “desastrosa”. “Era prácticamente analfabeto. Había unos 9000 errores ortográficos o gramaticales por página. Cuando yo los corregía, él intentaba volver a ponerlos, porque le gustaban”.

Pulp_Fiction-posterTarantino terminó en mayo de 1993 una versión del guión que consideraba definitiva. Tenía 159 páginas – una osadía, ya que los estudios de Hollywood huyen de todo guión que se pase de la media acostumbrada, 115 páginas.

Como en Casablanca, la película estuvo plagada de factores azarosos que la enriquecieron: un caso fue John Travolta, que llegó luego de que Michael Mandsen lo haya rechazado por estar en otro proyecto; Harvey Keitel, que desde un comienzo apoyó la idea, fue el encargado de convencer, “barbacoa de por medio”, a Bruce Willis, que cobró el mínimo que establecía el sindicato de actores; algo similar ocurrió con Samuel L. Jackson, a quien un asistente de dirección lo confundió con Laurence Fishburne, lo que le generó tanta bronca que hizo una actuación “violenta”; y a Uma Thurman el propio Tarantino tuvo que convencer por teléfono, mientras que la gente del estudio Miramax le sugerían a Michelle Pfeiffer, o Meg Ryan.

Era una película “pequeña”, con un presupuesto de sólo 8.5 millones de dólares, muy lejos de los 55 millones que costó Forrest Gump. El rodaje comenzó el 20 de septiembre de 1993. Duró 51 días, y se llevo a cabo en 70 localizaciones y decorados diferentes. En el set hacía siempre mucho calor. No por el clima de Los Ángeles, sino por la extraordinaria potencia de las luces que usó Tarantino en todas las escenas.

Esto tiene explicación: Tarantino no quería que Pulp Fiction tuviese un look de producción barata. No podia permitirse las mejores lentes, pero sí podía usar un truco: usar el tipo de film más lento fabricado por Kodak, lo cual daría a la película un look más clásico y sofisticado. Pero este procedimiento requería iluminación extra. Todos los actores recuerdan haber sufrido un calor insoportable durante el rodaje. El truco funcionó, que es lo que importa.

La última escena que se rodó fue la del monólogo de Christopher Walken: la historia del reloj. El monólogo duraba 4 minutos. Cada vez que Walken llegaba a la parte en la que explicaba cómo había ocultado el reloj a los Vietcong, tenía que parar porque no podía contener la risa.

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