Leandro Gonzalez, investigador de la INDUSTRIA AUDIOVISUAL: “En todo el país sólo hay trescientos lugares donde uno puede ir al cine”

Entrevistamos a Leandro Gonzalez, investigador y docente de la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS) sobre el desarrollo de las industria audiovisual Argentina en términos de exhibición, distribución, subsidios  y  la gestión del INCAA y sus derivados.

Sin Subtítulos: Con el problema de la producción solucionado, ¿en que falla la industria para que sus películas sean vistas?

Leandro Gonzalez: No diría que lo de la producción está “solucionado”, pero entiendo a dónde va la pregunta. Algo que se dice siempre y no por eso hay que dejar de reiterar es que el problema principal está en la distribución de películas. Es, como lo planteamos con unos colegas en un artículo, el talón de Aquiles de la industria del cine. Acá y en gran parte del planeta.

Sintéticamente: el distribuidor es el nexo necesario entre productores y exhibidores. El problema es que en los últimos años se extranjerizó el sector: los distribuidores locales empezaron a ocupar un lugar cada vez más marginal cuando Disney y otras majors de Hollywood comenzaron a distribuir películas argentinas (obviamente, las de mayor potencial comercial) en el mercado local. Y las consecuencias son terribles, porque los distribuidores locales son quienes hacen más fuerza para que a las salas llegue no sólo el cine argentino menos mainstream, sino todo el cine de “diversidad cultural”: cine europeo, asiático, incluso el cine independiente norteamericano. Si le sacás la película que le permitía hacer una diferencia, perdés todas las otras.

Sin un sector de la distribución nacional sólido, cada vez habrá menos lugar para películas que no respondan a las características del cine mainstream. Otro problema es la exhibición: en nuestro país hay pocas salas y, a diferencia de lo que pasa en otros países como Brasil (para no poner siempre a Francia de ejemplo), no tenemos un circuito alternativo de exhibición consolidado como tal.

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SST: ¿Cuantas empresas de cine exhibidoras son argentinas?

L.G.: El Anuario INCAA 2016 ofrece un listado de 242 exhibidores activos, entre los cuales hay una gran heterogeneidad. Por ejemplo, en el listado aparecen varios municipios como exhibidores. Ese mismo anuario señala que hay en total 933 pantallas distribuidas en 302 complejos. Es decir, en todo el país sólo hay trescientos “lugares” donde uno puede ir al cine.

En los noventa se consolidó un proceso de concentración geográfica que prácticamente barrió con las salas que estaban ubicadas en barrios, pueblos e incluso pequeñas ciudades, al tiempo que emergieron los multiplex en las regiones metropolitanas. Más de un tercio de las pantallas pertenecen a Hoyts, Village, Cinemark y Showcase. Con lo cual, el proceso de concentración geográfica está asociado a un proceso de concentración de mercado.

SST: ¿Cuál es la incidencia de los espacios INCAA en taquilla, propuesta cultural?

L.G.: Está buena la pregunta porque incluye los dos aspectos que hay que tener en cuenta. Los Espacios INCAA deben priorizar la propuesta cultural por encima de la taquilla, pero una cosa debería llevar a la otra. Es decir, no alcanza con programar una oferta diversa, también tiene que generarse un estímulo para que los públicos decidan ir a esas salas.

Después, en términos de funcionamiento hay que separar al Gaumont de todos los otros Espacios INCAA. Por nivel de concurrencia y por tipo de gestión, porque la mayoría de los Espacios INCAA del interior son de gestión público-privada, es decir, tienen una programación mixta. Entonces la propuesta cultural del Gaumont es única, no se replica. Y quizás lo que habría que buscar es replicar esa experiencia: la de una sala de calidad, bien equipada, bien ubicada, con una propuesta atractiva, de tal forma que no sea meramente un espacio de exhibición sino un punto de encuentro que genere comunidad. Es lo más difícil, pero es lo deseable.

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SST:¿Cuales son los ejes de la gestión actual de INCAA?

L.G.: Desde que asumió Macri ya hubo dos gestiones distintas en el INCAA, y ninguna puede ser caracterizada de manera rigurosa en tan poco tiempo. Pero sí pueden decirse dos cosas: por un lado, que esa fragmentación puede ser síntoma de una falta de definición o planificación; por el otro, que es evidente que hay un cambio de rumbo desde la salida de Alejandro Cacetta. Después, sí, en el sector hubo muchas manifestaciones de rechazo ante lo que consideran como una amenaza al espíritu de la Ley de Cine. Hay un nivel de conflictividad alto y mucha incertidumbre sobre las políticas del Instituto.

SST: ¿Como ves Cinear Play?

L.G.: Es una iniciativa interesantísima y necesaria. Este año será accesible también desde otros países. El cambio de nombre (al principio se llamó Odeón) fue algo confuso, pero la interfaz y los contenidos son muy buenos. De todas maneras, es una iniciativa a la que hay que darle tiempo para que se desarrolle. Sería injusto pedirle resultados inmediatos.

SST: ¿Por qué hay tanta diferencia en la cantidad de producciones para películas y series?

L.G.: Bueno, el fenómeno de las series es relativamente nuevo y en el INCAA se inscribe dentro de un proceso muy paulatino de ampliación de “lo audiovisual”. Fue el Instituto Nacional “de Cine” hasta 1994, cuando se incluyó lo de “Artes Audiovisuales”. No obstante, más allá de ese cambio nominal, sólo con posterioridad a la sanción de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual el INCAA comenzó a impulsar series activamente.

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En los últimos años los productores de ficción seriada empezaron a trabajar en coproducción con otros agentes clave, como DirecTV, Netflix, canales de televisión, etc. Ese mecanismo de financiamiento y comercialización ya está aceitado y es lo que explica algunos éxitos como Un gallo para Esculapio, El marginal, Historia de un clan, La casa del mar y muchas otras. No son pocas las que se vendieron al exterior, sea como enlatado o como formato. Y no está mal señalar que muchas de esas series fueron posibles gracias al fomento público asociado a la LSCA y al desarrollo de la TDA. El rol del Estado fue clave para que los productores puedan demostrar su capacidad y hacer productos de calidad.

SST: ¿Existe en algún país del mundo donde el cine casi sea una actividad de consumo?

L.G.: Sí, en todos. No creo que pensarlo en términos de consumo sea algo peyorativo, sobre todo en un país en el que la mayoría de la población no consume cine habitualmente.

El problema es si es sólo una actividad de consumo ligada al entretenimiento. Yo no tengo nada en contra del entretenimiento, al contrario, pero no debe perderse de vista el aspecto cultural. El cine es portador de identidades y permite acceder a una infinidad de experiencias diversas, y en ese sentido debe procurarse que el cine no sea solamente una mercancía.

SST: ¿Cual es el presente de la industria cinematográfica argentina?

L.G.: Si uno mira lo que pasó desde 1994, cuando se creó el INCAA, el balance debería ser muy bueno. Hay una cinematografía diversa y de calidad, hay directores que ya tienen una “obra” y son reconocidos a nivel internacional, hay películas argentinas en todos los festivales importantes e incluso hay un número interesante de ellas que se estrenan en salas comerciales del exterior. Alguien me dijo hace poco: “somos el único país de la región en el cual pueden filmar directores de clase media, en el resto sólo filman las elites”.

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En el corto plazo es más difícil hacer un balance. Entre los distribuidores y productores hay mucha incertidumbre y muy poco optimismo en lo que pueda esperarse. Tienen la percepción de que el escenario se les va achicando cada vez más. Lo seguro es que el segmento más rentable de la producción nacional seguirá produciendo y tal vez crezca aún más, porque ya tienen probado que ciertas películas funcionan muy bien. Lo que no está tan claro es qué va a pasar con las películas de menor presupuesto, más experimentales, óperas primas y demás. Es decir, aquellas películas que contribuyeron a tener una cinematografía diversa y con miradas muy autorales.

SST: ¿Como ves la promoción de las películas argentinas, hay una cultura de difusión en nuestro pais o nos concentramos mucho en la producción?

L.G.: Como decía al principio, el problema de la distribución es mundial. No sólo a nosotros nos cuesta. Es más, si comparás nuestra situación con la de otros países de la región, el saldo es bastante favorable. Nuestra ley de cine es tomada como un ejemplo a seguir por otros países.

En el medio hay un montón de cosas que el INCAA viene haciendo y otras que podría hacer. Pero incluso si regulás más fuerte la exhibición nadie te asegura nada, porque las cadenas multiplex tienen una posición dominante muy marcada. Lo que hace falta es un trabajo más fino y a largo plazo, que al mismo tiempo es urgente: la formación de espectadores. Si no experimentamos desde chicos con el lenguaje cinematográfico, es probable que de grandes nos resulte muy difícil ver apuestas que se corran de lo mainstream. Tendemos a pensar que la solución está en mejorar la oferta, pero también es importante incentivar la demanda por lo diverso. Y eso sería bueno tanto para los espectadores como para el desarrollo del cine nacional.

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