Critica de”Malamadre: La maternidad no es el único mandato. Además hay que ser buena.”

Algunas desde muy chicas, otras al entrar a la adolescencia, o en la adultez: todas las mujeres pasan por ese momento en el que se dan cuenta de que pueden transformarse en madres en cierto momento de su vida. Habitualmente el entorno ejerce presión sobre esa decisión, se busca el momento oportuno, la pareja perfecta, el sueldo ideal para poder afrontarlo, pero poco se habla de las dificultades que ese proceso conlleva. Hoy en día, con las movilizaciones y reclamos feministas en primera plana, se redefine el cine y “Malamadre” (2019) es un claro ejemplo de ello. Lo único claro aquí es que hay un listado de lo que la sociedad acepta como características de una buena madre y que una gran diferencia entre ser mamá y tener un hijo.

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Amparo González Aguilar (“Furia travesti: una historia de traVajo”, 2015) pone el foco en otra visión sobre la maternidad. Nada es color de rosa, no es como jugar a la mamá con un muñeco bebé, no es la felicidad plena que pintan las películas y las historias de celebridades en la TV. Los mandatos sociales y las dificultades que transitan las mujeres se hacen carne en este documental donde varias mujeres se ubican frente a cámara y revelan sus más íntimos sentimientos vividos desde el parto y a través de los años junto con sus hijos. Ser “buena madre” es un concepto muy amplio que, si bien se construye desde el amor, tiene miles de puntos en contra hay que aprender a sortear para no enloquecer en el proceso, pero la directora deja en claro que no hay que ser una “superwoman” para enfrentar este desafío y ser feliz durante, aun cuando hay una inundación de angustias, impotencia, bronca y locura asociada con querer ser buena madre.

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Según la directora, “En público todas somos madres excelentes y en privado estamos llenas de contradicciones. Cometemos errores, no logramos conciliar armónicamente lo que creemos que debe ser con lo que en realidad nos sale. Los mandatos son distintos para todas, pero siempre existen. Hay un ideal de la ‘buenamadre’ que alcanzar y entornos sociales que empujan a las mujeres a cumplirlo”. El mandato de ser una madre perfecta atormenta a las mujeres. Esas ganas de escapar de la realidad de los primeros tiempos de esa descomunal tarea no son fáciles de transitar. Los infinitos miedos y la culpa contrastan con la ilusión que sólo vivía en el deseo de ser madre. El documental muestra historias de rechazo por la maternidad. “Yo nunca tuve deseo de tener hijos, nunca tuve onda con los chicos en general, rechazaba la idea. Hasta que la tuve. Ahí sí”. Historias truculentas de maltratos médicos, abandono y violencia en el parto, de la locura que se vive cuando es imposible calmar el llanto del recién nacido: “Tuve ganas de tirarlo por la ventana, y tirarme yo detrás”, dice Marta Dillon, una de las entrevistadas.

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La pluralidad de voces lleva a la reflexión sobre el tema en cuestión. Todas son distintas, todas sienten diferente, algunas se expresan ante la cámara con naturalidad y liviandad, otras lo sufren una vez más. Algo que se destaca durante todo el metraje es el amor incondicional que significa ser madre. El vínculo para toda la vida que se genera con un hijo es único y así lo expresan todas las mujeres partícipes de la película. Además, se entremezclan los testimonios con técnicas del teatro negro, que rellenan de emotividad lo que se narra con las voces de las involucradas.

El documental comienza muy bien a partir de la multiplicidad de relatos concatenados que muestran una realidad distinta desde el amor. Pero, a medida que pasan los minutos, la directora indaga sobre su propia historia personal de maternidad, que no parece tan desatinado como si puede parecer la aparición de sus hijos como parte de la narración, explorando sobre sus propias vivencias como mamá y la forma en la que los pequeños viven todo eso. Algo a tener en cuenta es que las entrevistadas son todas similares en cuanto a edad y condición socioeconómica, salvo por dos casos, todas se parecen a la propia directora. La misma sentencia: “La sociedad no contiene a las madres. Más bien se da un fenómeno de lenta e invisible expulsión de los espacios sociales: el trabajo, las instituciones educativas, la vida social en general. ¿Quién más que una madre puede reconocer el verdadero valor del derecho a decidir si se quiere, cómo, cuándo, y en qué circunstancias tener unx hijx? Sin embargo, son escasas las reivindicaciones públicas que nos cuidan y acompañan. Entonces las diferencias de clase se vuelven terriblemente crudas: la liberación femenina es para las ricas, quienes por otra parte, llevarán la carga del abandono y la culpa”.

El documental deja clara la contradicción entre la presión de los mandatos sociales sobre ser una “buena madre” frente al abandono por parte de la misma sociedad que expulsa a estas mujeres de su cotidianidad sólo por el hecho de ser mamás. Los testimonios bien logrados de las madres pierden fuerza cuando el relato se vuelve en primera persona sobre la misma directora y su relación con la maternidad. Inclusive, la presencia de sus hijos comentando, de manera forzada ante la cámara, cómo viven que ella sea su madre, queda como una decisión desacertada ya que le quita la fuerza narrativa y la seriedad con la que venían reflexionando esas mujeres poderosas.

“Malamadre” (2019) ofrece una necesaria discusión sobre la maternidad actual, tratada con sumo respeto y profesionalismo. Se rescatan testimonios que muestran otras aristas relacionadas con el eje central, abriendo espacios de reflexión distintos y muy válidos. Cabe destacar que se trata también el tema de la maternidad por adopción, las elecciones sexuales, la planificación del embarazo. Todo con el debido respeto y sensibilidad, explicando que no tiene sentido la búsqueda del ser la madre perfecta como obligación.

“Malamadre” se puede ver todos los viernes de enero, a las 19:00hs, en el MALBA.

PUNTAJE: 6.5/10

Gimena Meilinger Firma

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