El granero (de series) del mundo. Apuntes para repensar la industria audiovisual argentina [Parte 1]

En su primera entrevista como “flamante presidente del INCAA”, Luis Puenzo ofreció una certera visión sobre la producción audiovisual en el país. El cineasta, ganador del Oscar y uno de los autores de la Ley de Cine de 1994 junto con “Pino” Solanas, llamó a concertar esfuerzos para convertir al “audiovisual” en “una de las tres mayores industrias del país”. “Una política que incentive la generación de divisas y puestos de trabajo”. Si se pasara de crear “las 4 o 5 series anuales que se producen en la Argentina a las 35 que produce México o a las 75 que está produciendo España”, estimó, “se les podría dar trabajo a todos los jóvenes que se reciben cada año en las escuelas de cine” y, lo que es más, se podrían generar suficientes divisas para competir “con la soja”. Según sus dichos, “una serie de las grandes plataformas puede hacer ingresar al país no menos de 5 millones de dólares” y hasta “10 millones de dólares”, por lo que convertirse en el “líder en toda Hispanoamérica en esta producción” redundaría en una transformación significativa no solo del sector, sino de toda la economía argentina.

visionar para notas 2

Subrayar un término sobre el otro en “industria cultural” tiene mucho sentido. La propuesta se alinea con el concepto de “economía naranja” promovido por el Banco Interamericano de Desarrollo, a partir del cual se llama a los países latinoamericanos a invertir en una “economía creativa” que “comprende los sectores en los que el valor de sus bienes y servicios se fundamenta en la propiedad intelectual”, desde “artes visuales y escénicas” hasta los “videojuegos” (Buitrago Restrepo y Duque Márquez, 2013: 15). En el caso de Argentina, la apuesta representa una respuesta a la presente crisis, pero yendo más lejos, ataca al problema crónico de una balanza comercial negativa en todos los ámbitos de la industria cultural. Lo que significa, que se importa más de lo que se exporta, por mucho margen (ver aquí en el informe anual de la Cuenta Satélite de Cultura del INDEC). Este saldo contribuye año a año al rojo general de la economía y a un faltante de divisas que representa uno de los mayores obstáculos para el desarrollo del país.

Resultado de imagen de industria audiovisual

Sin embargo, argumentar como hace Puenzo que se debe “cuidar el cine como cultura”, pero también que “el cine como cultura pide invertir, mientras que el cine como industria trae dinero de afuera, trae trabajo”, resulta novedoso y hasta transgresor. En la academia, en la industria, y también en la opinión pública, prevalece cierto sentido común que lee en “industria cultural” una contradicción entre dos términos que son más que antónimos. Combinando el prurito por el Arte con mayúsculas de los escritos del alemán Theodor Adorno con la denuncia al imperialismo cultural propia de la crítica latinoamericana de los setenta, especialistas, comentaristas y hasta el público tienden a creer, en una relación inversa, que en medida que la producción de un artefacto cultural sea más “industrial”, menos artístico y valedero será el producto final.

No es nuestra intención aquí discutir los méritos de una u otra postura frente al problema de la producción cultural en un mundo capitalista (lo cual llevaría varias notas más como esta). Solo nos interesa subrayar el contraste para marcar lo diferente de las declaraciones de Puenzo, donde se pone el acento en lo industrial y la relación de lo audiovisual con el mercado y el consumo (palabras tabú si las hay). Porque ir a fondo en la dirección sugerida no solo significa actualizar el régimen de la Ley de Cine, engrosando el Fondo de Fomento con un propuesto impuesto al consumo de plataformas de streaming como Netflix, sino también repensar cómo se concibe, planea y evalúa la producción audiovisual en el país.

Resultado de imagen de INCAA ARGENTINA

Si el norte del INCAA es crear trabajo y generar divisas, es decir vender, ¿esto significa que sus parámetros para asignar subsidios deben ajustarse a la valoración del potencial comercial de la propuesta? ¿Que el éxito de una producción se mida no en Leones o Palmas de Oro, sino en cuántos dólares produjo en relación a los invertidos (y premios también, en cuanto se traduzcan en mayor visibilidad y ventas)? De premiar la relevancia cultural y social de un proyecto se pasaría a preciar sus posibilidades de instalar una nueva Propiedad Intelectual en la atestada oferta multimediática. De contemplar los méritos artísticos del guión y la visión del director a calcular (también) la potencialidad de licenciar el producto en el mercado internacional.

Redirigir los esfuerzos del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales hacia el fomento de éxitos comerciales implicaría, además, lidiar con la demanda de los consumidores (argentinos, pero también hispanoparlantes). Lo que podría argumentarse es un cambio de paradigma para la agencia estatal. Como demostró la investigadora Ana Wortman mediante el análisis de datos estadísticos, las políticas públicas desplegadas en las dos últimas décadas han generado el incremento exponencial en la cantidad de películas producidas a nivel nacional y salas de exhibición afectadas por ellas pero, sin embargo, se “constata que son pocas” aquellas “exitosas”. Mientas que “en los 2000 aumentó dramáticamente la cantidad de películas estrenadas” hasta superar el número de títulos importados desde los Estados Unidos, en su sumatoria “registran solo 10% de las entradas vendidas”. Encuestas y estudios realizados con respecto a los espectadores de cine argentino en la última década coinciden en que “este no crece en la misma proporción que la cantidad de películas que se exhiben y se producen”.

Series españolas

Como señala la doctora en ciencias sociales, el público argentino atravesó en los últimos cincuenta años un proceso de transformación que siguió el ritmo de las rupturas tecnológicas, políticas, sociales y económicas a nivel mundial. No puede negarse que el consumidor de cultura, cuya demanda alguna vez fue satisfecha casi por completo por la industria nacional (piénsese en los años treinta hasta los sesenta o setenta, la edad de oro de la industria editorial y cinematográfica) se ha “americanizado”, como adjetivó el teórico cultural Néstor García Canclini, o “globalizado”, como expande la misma Wortman. En particular, aquellos nacidos en los ochenta y después se han criado a base de una dieta ecléctica de consumos culturales facilitada por políticas de liberalización del mercado y condiciones económicas particulares (desde el “uno a uno” a la bonanza promovida por los precios internacionales de la soja), prevaleciendo los productos de industrias más desarrollas como la norteamericana o la japonesa sobre la nacional.

Lejos de valoraciones, esta es una realidad asumida por la industria (y de la cual se suele hablar de manera contenciosa dentro y en torno a ella) y que un cambio de paradigma como el propuesto por Puenzo demanda encarar de frente y, especialmente, de nuevas maneras. En la siguiente y última parte de la nota, exploraremos algunas posibles maneras de implementar estos cambios que, ante ciertos desarrollos recientes, parecen estar más cerca de lo que parecía posible.

Firma diego Labra

2 comentarios en “El granero (de series) del mundo. Apuntes para repensar la industria audiovisual argentina [Parte 1]

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s