El granero (de series) del mundo. Apuntes para repensar la industria audiovisual argentina [Parte 2]

En la primera parte de la nota, que pueden leer aquí, reflexionamos a partir de los dichos del “flamante presidente del INCAA” Luis Puenzo sobre lo que puede interpretarse como una propuesta en dirección reconvertir al ente nacional en pos de transformar al “audiovisual” en “una de las tres mayores industrias del país”, capaz de generar “divisas y puestos de trabajo”. En esta segunda entrega ofrecemos tres puntos que podrían actuar como puntos de partida para comenzar a pensar dicha transformación:

El cliente siempre tiene la razón

En líneas generales, desde la academia y la crítica especializada se tiende a condescender al público y sus elecciones de consumo. Sobre todo, son blanco recurrente su gusto “americanizado” y orientado al entretenimiento (“el arte tiene que ser desafiante, difícil incluso”). Sin embargo, redirigir el fomento de la producción audiovisual al mercado implica repensar como se evalúa la demanda del público. Lo cual, al contrario de lo que podría pensarse, no necesariamente significa rebajarse al menor denominador común. De hecho, cuando se intenta hacer eso, el público tiende a no acompañar.

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Que la gente quiere entretenerse cuando mira una película o una serie es una verdad que debe aceptarse. Al mismo tiempo, introducir la necesidad de entretener a la hora de gestar un producto audiovisual no significa renunciar a la innovación estética ni a desafiar al público. Sin ir más lejos, la reciente ganadora del Oscar, Parasite de Bong Joon-ho, triunfó en su mezcla entre comentario sociológico y ritmo de thriller lleno de suspenso. Directores de “cine arte” argentinos, por ejemplo Pablo Trapero, han encontrado buenos resultados cuando cambiaron a un registro “más comercial”. Aunque otras veces, los resultados no han sido tan bien recibidos. En esta misma línea, debería fomentarse las producciones “de género”, especialmente aquellos que reinan en la taquilla local como la acción, el terror o la animación (la ciencia ficción no paga tanto). Cuando se lo ha hecho, por ejemplo Metegol, la respuesta del público ha sido contundente. Materia prima no falta. mi proyecto imaginario personal es una película de terror protagonizada por Lali Espósito y la China Suarez con guión de Mariana Enríquez y Demian Rugna, director de Aterrados, detrás de las cámaras.

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Por otro lado, podríamos acordar en que la “americanización” del espectador no solo lo ha acostumbrado a un ritmo narrativo más presuroso, sino a cierto nivel de calidad en la factura, tanto visual como de guión. Esto no significa que deba aspirarse a producir espectáculos visuales como Avengers o Star Wars (lo cual es imposible), pero si ser consciente que una producción nacional subida a Netflix, por ejemplo, un drama histórico, compite por el clic con Mad Men o Breaking Bad, que están a dos botones de distancia. Por algo la televisión de aire, que un poco por costos y otro por testarudez sigue firme con el formato de tira diaria eterna, no para de perder espectadores ante una oferta digital que lo supera día a día. Cuando desde la industria argentina se ha puesto la mira en crear un producto con alto nivel de calidad (véase Historia de un clan o El Jardin de Bronce, por nombrar ejemplos recientes), se ha cumplido con creces. Pero, es evidente, que todo lo descrito arriba demanda inversiones importantes, lo que nos lleva al siguiente punto.

Para ganar plata hay que gastar plata

Una apuesta como la sugerida por Puenzo, en un mercado que hemos dicho está completamente globalizado, donde un producto local ocupa el mismo cuadradito en el inicio de la plataforma de streaming que una española o norteamericana, demanda de una inversión acorde para alcanzar los mismos niveles de calidad en la producción. Porque, no nos engañemos, si las series yanquis se ven mejor y hasta están mejor escritas, es porque una inversión mayor permitió mejores equipos, mayor acceso a locaciones y más tiempo para el desarrollo de los guiones. En este sentido, parece inevitable algún tipo de colaboración entre la financiación estatal y empresas privadas. De hecho, en el último lustro, las series locales mejor consideradas por la crítica han sido aquellas coproducidas por empresas norteamericanas como Turner o HBO.

Justamente, fue durante la escritura de esta nota que Netflix no solo anunció una ambiciosa “nueva temporada” de “producciones locales”, que incluyen una serie cómica con Sebastián Wainraich, un drama sobre política y la iglesia evangélica con Diego Peretti y Mercedes Morán y hasta una serie basada en El Eternauta, sino también una “inversión millonaria en el país que daría cientos de puestos de trabajo”. Que Alberto Fernández se reuniera personalmente con el CEO Reed Hastings demuestra que el gobierno nacional ve con buenos ojos la instalación de una productora de la N similar a las que ya operan en México y Brasil. Por supuesto, las inversiones no necesitan ser necesariamente de capitales extranjeros. Como señala Wortman, la película argentina más taquillera de todos los tiempos es Relatos Salvajes, producida mayormente por Kramer & Sigman del argentino Hugo Sigman (con coproducción de El Deseo del español Pedro Almodóvar).

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Quizás donde más deba renovarse el INCAA sea en sus políticas de distribución y promoción. Mientras en Hollywood los grandes estudios gastan aproximadamente igual cantidad de dinero en el marketing que en la propia producción, incluso cuando tienen la atención gratuita de todos los medios extranjeros y locales, las películas argentinas tienden a estrenarse anónimamente una tras otra en el Gaumont y los espacios INCAA, saliendo de cartelera con solo decenas de espectadores. Esto es incluso cierto para los “tanques” nacionales, esos que sin falta lo tienen a Darín o Francella en el protagónico, que solo comienzan su ciclo de prensa a escasas semanas de su estreno. En este frente la participación de Netflix, con toda su visibilidad a nivel regional y mundial, podría ser beneficiosa.

 Piano, piano si va lontano

Incluso más que el cambio de paradigma en el fomento a la producción y la consecución de inversiones para financiarlo, el mayor obstáculo para lograr implementar el plan sugerido por Puenzo probablemente sea la dificultad endémica para sostener políticas públicas a lo largo del tiempo. Y un cambio así de ambicioso solo puede aspirar a tener éxito si es consensuado y sostenido en el tiempo más allá de grietas políticas o cambios de gobierno. Si se trata de buscar modelos a copiar, no hay mejor ejemplo que Corea del Sur y su rol en la creación del fenómeno del K-Pop, que comenzó con su política de fomento en los años noventa y comenzó a realmente cosechar sus frutos más de una décadas después. Reconvertir la industria audiovisual argentina en un polo productor de películas y series que cautiven a todo el mercado hispanohablante, competitivo en calidad y cantidad de factura con España y México, e incluso capaz de atravesar la barrera idiomática (como han hecho producciones como La Casa de Papel, por ejemplo), es una tarea imposible en los cuatro años de un mandato (o siquiera los ocho de uno con relección). Como afirma el nuevo presidente del INCAA, parte de lo necesario para la transformación, el talento y la experiencia, ya están. Falta solo el resto para poder llevarlo adelante. Esperemos que así sea ¿Cuándo podré ver mi película de terror escrita por Enriquez con Lali y la China?

Firma diego Labra

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