BAFICI 2021: Crítica de (upa!) una pandemia argentina


Como parte de la Competencia argentina, uno de los grandes títulos es Upa, una Pandemia argentina, dirigida por el tridente Tamae Garateguy, Santiago Giralt y Camila Toker. La tercera película que completa, hasta el momento, una trilogía en el cine argentino. Algo poco común para el cine nacional.

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Apenas tomado por el título y sin ver ninguna otra cosa más me pregunté cuál es la pandemia argentina, pero imagino que eso es harina de otro costal.  Puede que sea de qué hablar en el cine local cuando parece que ya se hablado de todo, y entonces parodiar a la hiperintelectualidad y la pose servirían, eventualmente, como un buen reinicio. Hacer una película en argentina es una tarea titánica porque el presupuesto y las condiciones del cine siempre son adversas.

La cosa viene más o menos así: a punto de iniciar un rodaje de ensueño, un equipo se pone al hombro una prometedora producción, y ciertos puntos que parecen  sobre exagerados se  presentan en esta idea de comedia que nos va empujando en algo de la realidad que vivimos el año que pasó pero que nos dejó esta secuela que no era necesaria ni nadie pidió.

“Yo no pensé que el apocalipsis iba a ser así” dice Kutchetvasky, y si, puede que sea en las pocas cosas en que coincida con el muchacho de oro. Los diferentes pasajes van entre la organización interna y las cuestiones de orden del financiamiento y las entrevistas con los probables integrantes del elenco. Nada es fácil, UPA 1 y UPA 2 plantean los problemas que lleva hacer una película y se burlan de los estereotipos que existen alrededor de la industria: actores y actrices quisquillosos, drogas, inseguridad, meditación y terapias alternativas para encajar en un status quo del mundillo del cine y las producciones audiovisuales. En UPA 3 sucede lo mismo, pero todo a distancia y adaptada a los tiempos actuales con burlas a las nuevas tendencias que incorpora el mercado. No deja de impactar el trabajo que hicieron los directores, al tener que filmarse a ellos mismos en un contexto de calles vacías y circulación restringida, con recursos mínimos.

Juan Minujin, Axel Kuschevatzky, Martin Slipak y Ariel Winograd participan en esta producción dejando escenas muy graciosas. Minujín queriendo interpretar un Juan Domingo Perón que atraviesa multiversos es imperdible. Se ríen de ellos mismos, algo poco común entre nuestros actores.

El ritmo general es más o menos llevadero y entretenido, siempre y cuando no se piense como una serie de chistes internos de los que uno se queda afuera. Una película entretenida y para analizar, reanalizar para ver: cómo se hace una película y cómo se vive una pandemia.

PUNTAJE: 8/10

 

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