Cine nacional: ¿vientos de qué cambio?


hector oliveraEn esta editorial replicamos la opinión escrita por Hector Olivera, un tipo sin dudas con grandes pergaminos en la cinematografía local que ha trabajado en sustanciales films nacionales tales como “La Patagonia rebelde”, “No habrá más penas ni olvido” o “La noche de los lápices”, entre otros. Su autoridad es indiscutible e irrebatible, y sin embargo aquí haremos un esfuerzo por diagramar un contrapunto a su postura a propósito de la política que el estado debe tomar frente a la producción audiovisual.


La nota empieza con una premisa contundente y polémica: “la política del gobierno saliente en cuanto al cine fue una estafa para los argentinos”. Se funda en una cuestión económica: el 10% del valor de las entradas que percibe el INCAA ha sido malgastado porque (y aquí está el centro del debate) se hicieron muchas películas que nadie vio.

Hemos entrevistado a muchos directores nacionales que nos cuentan lo que cuesta hacer una película y todas las peripecias que hay que sortear hasta que por fin se logra el estreno en las salas, y hemos aprendido de ellos que lo más difícil es difundir las cintas. Si bien Olivera reconoce este argumento en su escrito, culpa al propio Nuevo Cine Arespacio-incaa-cine-gaumontgentino y al Gaumont de su incapacidad para difundirse sin esgrimir, realmente, un argumento que sostenga esta afirmación: “si se estrenan dos o tres películas semanales con casi ninguna difusión en salas que, como el Gaumont, pueden programar un estreno en unas pocas funciones diarias y a la semana reduce esa oferta a la mitad, es imposible que se origine una corriente de público”.

Es cierto que hay un problema con la difusión y que el INCAA y sus espacios pueden tener alguna incidencia en esto, pero no puede soslayarse la implicancia de las cadenas comerciales de cine para que esto suceda. No hace falta más que ver las carteleras para darse cuenta que zozobran las superproducciones “primermundistas”. Esta situación tampoco tiene en sí nada de malo porque los cines eligen qué filmes exhibir; sin embargo, si se deja que el mercado guíe esta actividad, es claro que esta situación no se revertirá y que las producciones nacionales son las que más lo padecerán.

cine estadounidenseResulta bastante mezquino apuntar contra los propios directores de cine nacional por esta exhibición desproporcionada cuando son las grandes productoras aunadas con las grandes distribuidoras y las salas comerciales las que llevan la manija de esta actividad, con los medios de comunicación a su lado para publicitar los tanques hollywoodenses a cada paso. Los realizadores nacionales quieren hacer sus películas para que la gente las vea, más que por cualquier otro argumento. Los que hacen cine buscan difundir un mensaje, un punto de vista, un parecer que enmarcan en sus productos.

Hay algo que hay que recordar y tener bien presente, algo que en toda la columna de Olivera no se ve ni por asomo: esto es arte. Esta gente está expresando su arte y no hay mejor política que una que fomente estas expresiones, genuinas, propias, que ayuden a construir una identidad colectiva, que nos hacen crecer como comunidad y que nos representan, y muy bien, alrededor del mundo.

Es totalmente cierto que se hicieron muchísimas películas en el período del kirchnerismo, como hace tiempo no pasaba. ¿Muchas no se vieron o no tuvieron difusión? Sí, es verdad. ¿Las producciones extranjeras siguen el secreto de sus ojos darin ragosiendo mayoría en las salas? Totalmente. Pero, ¿está mal que como Estado se encare una política que ayude a los que podríamos rotular “pequeños y medianos directores” que no tienen un multimedio detrás o inversiones extranjeras o pautas publicitarias en los medios masivos (como sí tienen las películas de las tres estrellas taquilleras Darín, Suar y Francella), a crear sus propias películas? ¡No! Y es aquí donde hacemos mella: no sólo no está mal, sino que está bien que se haga, porque son nuestras películas, de nuestros realizadores, formados en nuestras universidades, que retratan la vida de nuestra sociedad.

Después podremos discutir el por qué de la falta de difusión, o que los argumentos a veces no son buenos, o que el Gaumont no tiene suficiente espacio para proyectar todo. Pero eso no es culpa directa de los propios realizadores, bajo ningún punto de vista. Seamos sensatos y no volvamos para atrás, al menos en algunas discusiones.

Matias Zanetti firma

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