Crítica de “Cruella”, o cómo arruinar una franquicia en 134 minutos


Finalmente pasó. Nosotros se los avisamos en 2013 (¿#sstpitonisos TT en Twitter?), y hoy tenemos la película sobre una de las villanas más famosas del imperio de Mickey. Encima, uno ve Disney, lee Emma Thompson y Emma Stone, sumado al señorísimo inglés Mark Strong y al espectacular Kayvan Novak (o Nandor, para nosotros fans de la aclamada serie cómica “What we do in the shadows”), y piensa: ¡peliculón! Luego uno empieza a ver…y sigue viendo… a medida que progresa –muy lentamente- el argumento de “Cruella”, el espectador se choca con la cruda realidad de una cinta que tiene pies, pero ciertamente no cabeza.

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Para empezar, la duración asusta a cualquiera al momento de sentarse: hay que sostener una película de más de dos horas sobre una mujer que odia a los perros. Pero atención, ¡no odia a los perros! Sí, esta Cruella abandona el modelo más violento y asesino de animales por uno más alineado con la mentalidad centennial: el perro es el mejor amigo de la mujer. ¿Qué sentido tiene, preguntan? NINGUNO.

El desarrollo de la niñez de Estella, el nombre “original” de la niña que luego crece para ser una de las villanas más trastornadas que Disney creó, es lento, aburrido y dolorosamente predecible. Nada de esa etapa sorprende: una chica problemática, que no encaja, que se pelea, que tiene problemas y una sola amiga. Encima, Disney’s style la madre muere, porque Walt algún drama edípico habrá tenido alguna vez, todos lo sabemos.

Pasamos luego a los años de crecimiento, donde nuestra protagonista conoce a los que serían sus dos secuaces en las películas que ya hemos visto. Aquí es donde Disney brilla esplendorosamente con su entendimiento de lo que es ser pobre: niños que viven solos entre 4 paredes y bajo un techo, en un lugar abandonado, pero bien alimentados.

No vamos a entrar en detalle con lo que es CGI y efectos especiales, ya que después de todo Disney domina todos esos aspectos técnicos y su rendición de los perros realizando tareas improbables para rellenar cualquier agujero argumental y forzar a que avance la historia para el lado que quieren es excelente.

No se entiende cuál es el público al que apunta esta película: es demasiado explícita para niños, demasiado ridícula para adultos, y demasiado poco interesante para todos los demás.

No sé ustedes, pero yo vengo observando que Disney está en mala racha: películas como “Soul”, “Raya y el último dragón” y la que aquí reseñamos son intentos muy pobres de atraer público para competir con las demás plataformas de streaming y sostener su lugar. Y, encima, tienen el tupé de pedir más plata por su contenido con pases especiales.

Sí, quiero mencionar que, por más pésima que sea la historia que se desarrolla, las actuaciones de Emma Stone, Emma Thompson, Mark Strong y por supuesto Nandor (perdón, Kayvan Novak) son impecables y diría que una de las pocas cosas que sostienen al espectador sentado. Sus personajes son creíbles y tienen un desarrollo adecuado para una película de este calibre.

Me interesa recalcar que no se entiende cuál es el público al que apunta esta película: es demasiado explícita para niños, demasiado ridícula para adultos, y demasiado poco interesante para todos los demás.

Para sentarme 2 horas a ver algo bueno, preferiría ver la comedia “Érase una vez en Buenos Aires”, o quizás “Tenemos un problema, Ernesto”. No se sienten un viernes a la noche a ver Cruella porque se quedan dormidos o abandonan.

Ah, y la música está buena.

 

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