R.I.P. continuidad radiofónica


Lo que se va a presentar a continuación es una excusa. Léanla igual.

Durante estas últimas dos semanas, nos hemos visto impedidos en nuestra libertad radiofónica debido a problemas técnicos que no se pueden atribuir a ningún particular más que a la mala leche. Por más que pataleemos, hagamos berrinche y demás quejumbrosidades, la antena de la radio que anfitriona nuestro programa simplemente no será capaz de transferir nuestro contenido a ustedes este viernes tampoco, queridos radioescuchas.

Más allá de considerar que decir que estas últimas dos instancias de incomunicación no deliberada son un menoscabo a nuestra libertad de expresión y un atropello a la moral y al orden público sería más que una pequeña hipérbole, sentimos la necesidad de extender una mano comunicativa (siendo comunicadores en general, aunque solo uno de nosotros en particular) hacia ustedes y decirles que es todo su culpa por escuchar tanto la radio: terminaron gastándola.

¿Qué es esto, entonces? Un desquite creativo y catártico, producto de emociones acumuladas al vacío en pequeños contenedores a presión y a punto de la explosión que tienen también por nombre Catriel, Matías, Lirolay, Florencia y Pablo. O una excusa, que es lo mismo.

La producción de Sin Subtítulos

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